Del pozo al fuego
Del pozo al fuego
Crescendo emocional
I
En el fondo del agua
apenas se siente:
solo un murmullo antiguo,
un temblor ligero
que no sé si es mío
o del mundo que respira debajo.
El silencio apenas toca,
apenas nombra,
apenas abre una rendija
en mi pecho quieto.
II
Pero algo se mueve.
Una corriente tibia me llama
como si reconociera mi nombre.
No es fuerte,
no duele,
pero despierta un anhelo suave,
un latido que pide avanzar
más hondo,
más cerca de esa fuente
que insiste
con una dulzura que arde.
III
Y entonces me dejo ir.
El agua me habita por dentro,
ordena mis sombras,
les da un ritmo.
Una voz que no conozco
acompaña cada gesto,
y mi corazón, todavía torpe,
se esfuerza por seguirla.
Aquí nace la emoción:
una mezcla de miedo,
ternura
y una esperanza que crece
como luz bajo una puerta.
IV
De pronto, sin aviso,
algo se enciende.
Una llama vertical
sube desde lo más oscuro
y me atraviesa sin herirme.
La emoción ya no cabe en el pecho:
tiembla, estira, rompe.
Siento el ascenso
como un canto que me desborda,
como si el universo entero
usara mi respiración
para hablar.
V
Y en un solo instante,
todo se vuelve claridad.
Soy agua que arde sin fuego,
soy piel de luz,
soy vibración que respira.
Cada parte de mí
canta en silencio,
como si el universo
me tocara desde dentro.
La emoción alcanza su cima:
una ternura inmensa,
una plenitud luminosa
que se expande más allá del cuerpo
y me convierte
en un cauce de
luz creciente.
vI
Y entonces
todo vibra
todo resuena
todas las ondas se elevan
y la luz me habita
en plenitud
en plenitud que canta
en plenitud que asciende.



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