Derecho a Pedir

Derecho a Pedir







Puede pedir  
el que ha callado,  
porque el silencio es también plegaria.  


Puede pedir  
el que ha perdido el rumbo,  
pues incluso el río extraviado  
encuentra al mar.  


Puede pedir  
el que tiembla,  
el que sueña,  
el que se arrodilla sin saber por qué,  
porque en su temblor  
ya lo sostiene la ternura invisible.  


No hay forma ni protocolo,  
no hay permiso ni frontera.  
Pedir no es debilidad,  
es recordar que la luz  
nunca abandona al que la busca.  


Puede volver  
al centro que no está en mapas,  
a la raíz que no se ve,  
a la libertad que no grita  
pero canta en lo secreto.  



Y al pedir,  
no exige, no suplica,  
solo abre sus manos.  
Y al abrirse,  
descubre que la respuesta  
ya estaba en su propio corazón.  



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