El día se inclina
El día se inclina
El día se inclina como un monje ante el altar,
y el alma, aún dormida, escucha el susurro del viento.
No hay urgencia en las hojas que caen,
ni en el paso del sol entre las ramas desnudas.
Es lunes,
Pero no es comienzo ni final,
sino un instante suspendido
entre lo que fue y lo que puede ser.
El caminante despierta,
no por la llamada del mundo,
sino por el canto secreto
que brota desde su centro.
Todo vibra con una música callada:
el pan sobre la mesa,
el silencio entre dos palabras,
el calor que aún vive en la taza vacía.
Hoy, la abundancia no se mide en oro,
sino en la paz de saber
que nada falta
cuando uno se basta.
Y así,
como el río que no pregunta por su destino,
el alma fluye,
y en su fluir,
encuentra el sentido.



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