El cuerpo guarda lo que el alma calla,

El cuerpo guarda lo que el alma calla,  



El cuerpo guarda lo que el alma calla,  

como un secreto que germina en la sombra.  

Cada flor que brota en su pecho  

es un eco de lo vivido,  

un gesto que nunca llegó a pronunciarse,  

un abrazo suspendido en el aire.  


Las venas son caminos antiguos,  

dibujos de un destino que no pide permiso.  

No hay culpa en la piel,  

solo memoria que palpita,  

como un río que insiste en cantar.  


Ella avanza entre mundos,  

con los ojos cerrados  

y el corazón abierto,  

como quien se entrega a lo invisible.  


No busca curación,  

sino un instante de tregua,  

un espacio donde el dolor  

se transforme en luz tenue,  

y la enfermedad  

en relato susurrado,  

en oración que 

se disuelve en silencio.  



“Este poema lo escribí en un momento en que mi cuerpo me recordaba sus límites. Quise transformar esa experiencia en palabras que me dieran paz y que quizá puedan resonar en otros.”  





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