La comunión, la compasión, la dignidad compartida."

 "la comunión, la compasión, la dignidad compartida."




 En la hora dorada, cuando el sol se inclina hacia su descanso,

una mujer vierte su alma

en el cuenco que lleva  entre sus manos.

No habla, porque el silencio dice:

lo que el corazón entiende:

la bondad sencilla, 

la ternura que no busca nombre.


Un anciano se acerca y recibe el cuenco tibio.

Sus dedos tiemblan, pero en su temblor hay gratitud.

Mira la arcilla y ve en ella la fragilidad del mundo,

y aun así sonríe,

 porque lo frágil es también eterno.


A su alrededor murmura la vida.

Hay rostros que se cruzan y no necesitan palabras,

hay miradas que se reconocen

 antes de haberse visto.

La humildad florece 

como un árbol que se inclina

para ofrecer sus frutos a quien pasa.


No hay templo más puro que este gesto callado,

ni altar más sagrado 

que el camino recorrido


El misterio no habita en los cielos,

 sino en las manos que sirven,

en el pan compartido,

 en el amor hecho humano.


Y cuando el sol se oculta,

 el día no termina:

permanece encendido en la bondad invisible

de quienes dan sin esperar,

y reciben como si rozaran el cielo.

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