La dama del alma libre
“La dama del alma libre”
Ella llega sin anunciarse,
con perfume de misterio y risa.
No pide permiso: abre las ventanas del espíritu
y deja entrar el aire nuevo.
Sus manos reparten luz como si fuera pan,
sus ojos juegan con los secretos del mundo.
Donde pasa, la rigidez florece,
y la tristeza se olvida de sí misma.
No enseña: contagia.
No salva: celebra.
Su elegancia no está en la forma,
sino en la manera de no retener nada.
En su presencia,
la vida se recuerda a sí misma como milagro.
Y yo —cuando la sueño—
reconozco que esa mujer soy yo,
despierta, generosa y eterna.



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