La mujer y el torbellino

 

La mujer y el torbellino 



No alza la voz,  

porque su silencio es más vasto que el viento.  

No huye,  

porque cada paso sería un regreso al centro.  


El mundo gira en espirales rojas y azules,  

pero ella permanece,  

como si en su quietud se abriera un templo invisible.  


Las aves la rozan,  

las olas la envuelven,  

el cielo la observa con ojos de estrellas:  

todo se mueve, menos su mirada,  

Y en sus ojos  se refleja el universo 


No lucha contra el viento,  

lo deja pasar por dentro,  

y en su interior se convierte en plegaria.  

No teme al fuego,  

lo convierte en luz,  

como quien transforma la herida en revelación.  


No es que el caos se detenga,  

es que ella aprende a escucharlo.  

Respira dentro del torbellino,  

y en cada giro descubre  

la belleza de lo indomable.  


Y así, sin esfuerzo,  

se convierte en parte del todo,  

o quizá el todo se convierte en parte de ella,  

como un único respiro  

que se expande en silencio.  



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