Llanto y la Cura

 "Llanto y la Cura "



El llanto vino sin nombre,  

como brisa que no pide permiso,  

como sombra que se posa  

en el borde de lo que no entiendo.


Me pregunté en silencio y un susurró me dijo

“Confía menos en el canto del gallo,  

vuela con alas que no se ven.”


Y así aprendí a poner límites,  

no como muros,  

sino como jardines que protegen  

la flor que aún no ha abierto.


He reducido lo externo,  

pero sigue ahí,  

rozando mi piel,  

probando mi centro.


Y en medio de esa presencia,  

la invitación no es huir,  

sino nutrirme.  

Elegir con cuidado  

lo que entra en mi alma.


Reducir no fue perder,  

fue volver a lo esencial:  

una palabra verdadera,  

una emoción sin disfraz.


Y en ese espacio más claro,  

la cura empezó a brotar:  

no en el hacer,  

sino en el ser.


Me alimento de lo que me eleva,  

me hablo como quien cuida una herida,  

me escucho como quien espera  

que el alma diga su nombre.


Así, el llanto se volvió agua,  

y el agua raíz,  

y la raíz canción.


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