Me vuelvo hacia mi corazón
Me vuelvo hacia mi corazón
Respiro,
y en el leve ascenso del aire
se disuelve la piedra de mi pecho,
como la noche al primer resplandor.
Allí, donde mi corazón comienza,
ya no hay límite ni orilla:
solo un río sin nombre
que fluye hacia una claridad interior.
Doy gracias por la mano invisible
que, sin decir palabra, me sostiene
y conduce mis días —
no hacia el ruido del logro,
sino hacia la pureza del ser,
donde todo canto es ofrenda.
Y comprendo: la separación era un sueño,
un velo entre el alma y su totalidad.
Entonces callo,
y en el callar me sé acompañado:
como el árbol por el viento,
como la tierra por la lluvia,
como el silencio por la plegaria.
Mi alma se abre,
y en su apertura canta suavemente
un recordatorio antiguo:
que la luz mora en todos,
y espera ser nombrada.



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