Poema del río y el viajero

 Poema del río y el viajero



El lago duerme bajo un cielo sin voz,  

y al borde del cauce, un alma se alza,  

con botas de barro y mirada sin paz,  

queriendo cruzar, sin saber por qué.


El río le habla con lengua de siglos:  


“No soy camino de prisa ni ley,  

  soy cauce de espera,

 espejo de juicio,  

 soy límite vivo, 

 soy tiempo en su grey.”


El viajero grita, se agita, se hunde:  


“¡He esperado, he rezado, he callado sin fe!  

Pero tú, agua turbia, me niegas el paso,  

¿acaso disfrutas viéndome caer?”


El río responde, con risa de humo:  


“No gozo ni sufro, soy solo fluir.  

El que cruza sin ver, se ahoga en su sombra,  

el que espera y respira, aprende a vivir.”

Y el viajero, cansado, se queda en silencio,  

mira el horizonte que ya empieza a abrir.  

Tal vez el barro no sea castigo,  

sino maestro que enseña a sentir.


Respira. Se calla. Se vuelve cauce.  

Y el río, en secreto, lo deja seguir.


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