Regresar al Centro
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Cuando la luz se vuelve intensa,
y el mundo resplandece en su júbilo,
el sabio no corre ni lucha,
se sienta en la quietud del alma
y respira la canción del silencio.
Cuando el corazón se desborda,
como río que besa la tierra,
no teme al torrente ni al estruendo,
sino que sonríe, entregándose a la danza eterna.
No hay error en la sinceridad,
ni culpa en mostrar la llama interior,
pues la verdad, aunque humilde y desnuda,
es la semilla que florece en el jardín del espíritu.
Y si caes, no temas al suelo,
ni al polvo que acaricia tus pasos,
porque lo esencial no es la caída,
sino ese regreso suave y tierno
al templo sagrado del propio ser.



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