Poema para los corazones en guardia

 Poema para los corazones en guardia




A veces el mundo parece duro,

como si cada rostro guardara una espina

y cada calle fuera un campo de batalla.

Uno se cansa…

y empieza a creer que así es la vida.


Pero hay un instante —pequeño, casi oculto—

en que todo se detiene:

cuando el corazón se mira por dentro

y descubre que también lleva armaduras,

viejas heridas que aún ladran,

sombras que no han sido escuchadas.


Y entonces uno entiende, poco a poco,

que no todo es contra uno,

que algunas miradas solo responden

al eco que llevamos dentro.


Porque a veces el mundo no es arisco:

solo devuelve el gesto que le mostramos.

Si salimos con miedo, nos contesta con miedo;

si salimos con rabia, el día se tensa;

pero cuando dejamos caer una defensa,

cuando un hilo de calma se abre paso,

algo afuera empieza a moverse también.


No es magia,

es la antigua ley de los corazones:

lo que tocas con tu interior

tiñe lo que encuentras afuera.


Y aunque sea difícil,

aunque duela,

basta una chispa —una sola—

para que la vida responda distinto.

Una palabra más suave,

un respiro más largo,

un paso dado sin sospecha.


Entonces, casi sin darte cuenta,

una luz que creías perdida

empieza a acompañarte.

Y el mundo, que parecía enemigo,

muestra un rincón amable

que siempre estuvo ahí,

esperando a que tú también

abrieras la puerta.




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