Después del roce
La inquietud, al no encontrar puertas donde entrar,
se va quedando sin fuerza.
Como un visitante sin motivo claro,
se detiene un instante en el umbral
y luego continúa su camino sin mirar atrás.
Quedo en silencio,
no un silencio vacío,
sino ese que llega después de la lluvia fina,
cuando el aire se asienta y huele a limpio.
El pecho exhala sin que lo note.
Los hombros descienden un milímetro,
pero ese milímetro es un regreso
Vuelvo a mi centro
como quien se sienta otra vez en su silla favorita
después de haber sido llamado por un ruido lejano.
Lo que me rozó ya no importa.
No era un mensaje para mí,
solo un movimiento del mundo pasando cerca.
La calma regresa sin esfuerzo,
no porque lo haya resuelto,
sino porque lo dejé pasar.

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