En la cueva del alma


 En la cueva del alma





Consejo del Fuego:



Cuando el dragón entra en tu pecho

y la cueva se llena de su aliento,

no le preguntes quién es

ni por qué ha venido.

Inclina la cabeza.

No en derrota,

sino como quien escucha

una verdad demasiado antigua para gritarla.


El fuego no vino a destruirte.

Vino a mostrarte

dónde aún te agarras.


No corras por salidas de piedra.

La salida no está delante de ti.


Está en aflojar

la mano que aprieta el miedo.

Quédate sentada en el centro del ardor.

No hagas nada hermoso.

No hagas nada valiente.

Solo sé real.

Llora,

si el agua nace.


El dragón recuerda el océano

y se cansa de rugir.

No respondas a su lengua afilada.

El silencio es un idioma

que el fuego respeta.


Cuando el calor disminuya,

no mires atrás.

El amor ya pasó por ahí

y abrió la puerta sin ruido.

Lo que te quema

no es tu enemigo.

Es la fuerza que no sabía

cómo abrazarte.


Y cuando salgas,

lleva menos nombre,

menos historia,

menos yo.


Así se

 atraviesa al dragón:

dejando que el fuego

termine de enseñarte

a no ser ceniza.




Ejercicio Terapéutico:

 Sosteniendo tú centro en Medio del Fuego Interno

Objetivo: Liberar la intensidad emocional sin dejar que gobierne la vida, reconociendo la emoción y manteniendo un centro firme.

1. Reconocimiento y nombramiento

Identifica la emoción sin juzgarla: “Esto es rabia / miedo / ansiedad, no soy yo”.

Observa cómo se siente en el cuerpo: tensión, calor, presión. Nombrarlo reduce su poder.

2. Establecer límites de tiempo

Dedica un periodo acotado (por ejemplo, 20 minutos) a sentir intensamente la emoción.

Después, realiza algo concreto y físico: caminar, ducharte, ordenar, respirar.

Esto evita que la emoción se convierta en un ciclo interminable.

3. Respiración y presencia

Toma 3 respiraciones profundas:

Inhala: “Sostengo mi centro”

Exhala: “Esto pasará antes de que termine el día”

Repite hasta sentir que la intensidad baja.

4. Descarga segura de la emoción

Elige una vía de expresión que no dañe a nadie:

Escribir lo que quema, dibujar, gritar en un lugar seguro, moverte, bailar, temblar.

Visualiza que la emoción sale de tu cuerpo, como humo que se disipa.

5. Anclaje en lo concreto

Haz algo pequeño y controlable que te reconozca:

Un hábito diario (respirar, agradecer, caminar), un gesto de autocuidado, ordenar un espacio.

Esto fortalece la sensación de seguridad y control.

6. Observación sin reacción

Durante la descarga, mantente como observador:

La emoción viene y va. No es verdad absoluta ni define la totalidad de la experiencia.

No responda con más ira o culpa; solo observa y deja pasar.

7. Integración 

Lista una cosa concreta que sí puedes controlar: un límite, un hábito, un gesto amable hacia ti.

Respira, mueve el cuerpo, repite tu afirmación interna: “No soy la emoción; tengo un centro firme”.

Recomendaciones finales:

Practicar este ejercicio cada vez que la emoción aparezca fortalece el centro interno.

La liberación es un proceso, no un acto inmediato: la tormenta viene y va.

La firmeza no es frialdad; es amor propio inquebrantable.




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