La esperanza que respira bajito
La esperanza que respira bajito
Aquí estoy.
Cerquita,
muy cerquita de mí.
Sin respuestas enormes,
sin luces que me apuren.
Sólo respiro.
Lento.
Suave.
Y con eso basta.
Respiro
y el mundo, manso,
se queda en pie.
Mi corazón anda descalzo
con un polvo tierno
pegado a las rodillas,
pero sigue avanzando,
pasito a pasito,
como quien no quiere asustar
al propio latido.
No estoy rota.
Sólo voy guardando
pequeñas migas de fuerza
en el bolsillo del pecho,
una a una,
con la delicadeza
de quien aprende de nuevo
a quedarse cerca.
Hoy no canto.
Hoy apenas dejo
que un murmullo tibio
me roce la boca.
Y ese murmullo,
tan bajito,
también sostiene.
La vida no me pide correr.
Me pide quedarme.
Acompañarme despacio
cuando el ánimo se esconde
en un rincón suave.
Así que me quedo.
Aquí.
Con lo poquito.
Con lo que alcanza.
Y eso —
aunque parezca mínimo—
también es esperanza
respirando despacio
como una mano cálida
que no se suelta.



Comentarios
Publicar un comentario